jueves, 24 de octubre de 2013

Los encriptados. Receta anticapitalista

Por Curro Esbrí

En 2004, Manuel Asensi Pérez, profesor de teoría de la literatura, publicó en Redes.com un artículo llamado Los teléfonos Ericsson han dejado de ser suecos (una re-lectura del Manifiesto Comunista)”. Allí dio nombre a un imaginado colectivo social: los encriptados institucionales. Con este extraño nombre designaba a gente que rechaza la violencia, habla de política al margen de los partidos o las ideologías, lleva a cabo su acción política creando un discurso contra lo supuesto a partir de una crítica radical y, por último, provoca miedo, pero solo y precisamente por esta visión crítica, que procede siempre de la indignación y del sufrimiento.
¿Esto quiere decir que Manuel Asensi había vaticinado el movimiento 15-M o el Occupy Wall Street? No. Es solo una muestra más de que los llamados indignados son fruto de un caldo de cultivo que se iba gestando desde hace ya mucho tiempo. Pero ¿cuál es el papel que tienen estos encriptados, según Asensi? Primero es necesario explicar alguna cosa más.

Receta anticapitalista
“Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo”. Así empieza el manifiesto de Marx y Engels. Partiendo también de esta frase, y parafraseando a Derrida, Asensi asegura que dicho comunismo era entonces, es y será un fantasma en busca de corporeidad, es decir, una idea inalcanzable, un sistema eternamente en potencia. De hecho, todo comunismo triunfal parece haberse convertido en cualquier otra cosa, según nos enseña la historia.
En base a esto, Asensi va un poco más lejos y afirma que capitalismo y comunismo no son contrarios, sino que, más bien, “el marxismo es algo que ya le ha sucedido al capitalismo”, es decir, que “el triunfo del capitalismo solo ha sido posible gracias a que una de sus características más importantes es el anticapitalismo”.
¿Qué quiere decir esto? Muy sencillo: el capitalismo es cambiante por naturaleza, y el éxito que ha tenido durante tanto tiempo se explica por su capacidad de absorber y hacer suyo todo lo que le amenaza. En su artículo, Asensi nos hace ver que incluso algunas de las desideratas delManifiesto comunista han sido integradas por él como por ejemplo:
“1. La obligación de trabajar para todos. 2. La educación pública y gratuita de todos los niños. 3. El que una vez desaparecidas las diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter político”.
Por otro lado, aunque siempre se hable del fracaso de las revoluciones del mayo del 68 y del movimiento hippie, algunas de las reivindicaciones de la gente que salió a la calle entonces parecen pertenecer ahora al más puro capitalismo: creatividad, libertad, espontaneidad y hasta una sexualidad más libre.
Pero ¿cómo puede este orden social basado en la economía asimilar todo lo que le amenaza? Luis Navarro, en su texto “Dinámica de virus”, dentro de Industrias Mikuerpo, nos da una descripción precisa.

El comportamiento del capitalismo
Resumiendo mucho, los pasos por los que “la máquina capitalista se agencia cualquier impulso de transformación”, según Luis Navarro, son los siguientes:
  1. Reconocimiento: la novedad es detectada. Normalmente lo que ocurre es que los medios de comunicación se hacen eco de ella.
  2. Aislamiento de la molécula emergente y sus propiedades. Se aíslan, extraen y seleccionan las características que convienen.
  3. Elaboración de contratipos. Se alteran las relaciones entre las anteriores características de tal manera que la novedad es y no es la misma.
  4. Conversión en mercancía: la novedad ha sido completamente desvirtuada. Su capacidad subversiva ya no es tal, pero ahora funciona bien como producto.
Hemos visto recientemente como ha tenido lugar este proceso con el15-M, por ejemplo. Primero los medios de comunicación se hicieron eco de él y, después de centrarse en las características negativas, se aprovecharon y potenciaron las positivas en las campañas publicitarias de, entre otros, Levi'sMovistar y Nike. De manera que ahora el acto subversivo parece ser comprarse unos vaqueros.
Manifestación contra la sociedad de consumo, según Quino
Hay dos formas de tomarse esto, y las dos son acertadas: los procesos subversivos se desvirtúan convirtiéndose en otra cosa, pero al mismo tiempo se instalan en el imaginario colectivo de modo que se “normalizan”, y por “normalizar” entiendo “integrarse en el sistema”. Esto es lo que pasó, como ya hemos dicho, con ciertos puntos de algunas revoluciones. Esto es lo que debemos buscar ahora.
Gracias a la lucha feminista los canales de televisión “para mujeres” incluyen en su programación Sexo en Nueva York, pero, por otro lado, las mujeres tienen el mayor poder adquisitivo que han tenido nunca.
Gracias a la lucha homosexual la cabalgata del Orgullo Gay es cada vez mejor negocio, pero, por otro lado, su aceptación en la sociedad nunca ha sido tan plena.
Gracias a etc.

El sentido de los encriptados/indignados.
Según Manuel Asensi lo que quiere decir encriptamiento es “un rechazo de la violencia como lucha política dentro del marco democrático”. Y, por ende, los encriptados “son aquellos que hacen política bien al margen de los partidos políticos (…), bien desde dentro de los partidos políticos como individuos y grupos que participan de las 'ideologías' pero no pertenecen totalmente a ellas”. Y ¿qué tipo de acciones lleva a cabo este grupo? Son meta-teóricas. Intentan cambiar los presupuestos teóricos de ciertos problemas mediante una crítica radical. Lo que persigue el encriptado es dejar al descubierto las deficiencias del mundo en el que vive. Esta es su fuerza. Se trata de crear ideas e interpretaciones transformadoras que amenacen al poder.
Según Asensi, reescribiendo a Marx y Engels, “la historia de todas las sociedades ha sido, es y probablemente seguirá siendo, la historia de la lucha de clases”, de manera que existe “la necesidad de una crítica radical, perpetua y en constante cambio”.
Es decir, lo que Asensi pide a los generadores del discurso crítico con el capitalismo es que se pongan manos a la obra y lo ataquen teóricamente, o lo que es lo mismo, con ideas —que no ideologías— y no con violencia.


El palimpsesto capitalista

Yo me atrevo a añadir algo más partiendo del significado de la palabracriptografía —del griego κρύπτω krypto, «oculto», y γράφως graphos, «escribir», literalmente «escritura oculta»—. Como ya hemos visto, el funcionamiento del capitalismo es cambiante y es capaz de asimilar ideas que en principio le amenazan. La labor de los encriptados es hacer que estas ideas que nos convienen luzcan bien, sean apetecibles. Debemos vender bien nuestra mercancía.
Ahora mismo no tenemos otras armas que las que nos proporciona el sistema capitalista en el que vivimos, porque un sistema lo engloba todo, incluso aquello que puede acabar con él. No se trata de destruir, sino de transformar hasta hacerlo irreconocible. La única forma que tenemos de crear nuevas reglas es partiendo del reconocimiento de que uno no puede desentenderse sin más del mundo en el que vive. Para que nos entendamos, la labor de los encriptados es una forma de trollear al capitalismo.
No hace falta ser una persona íntegra para ser un encriptado, solo es necesario “colar” un mensaje anticapitalista. Se puede, por poner un ejemplo, defender una economía crítica y usar, al mismo tiempo, un iPad y un iPhone en el Congreso de los Diputados. Se puede alzar una pancarta en una manifestación y llevar unas zapatillas Nike. Se puede también escribir esto desde el procesador de textos de un Macintosh. Se puede y se debe. La falta de coherencia no es el problema. De hecho, es necesaria para que un encriptado se dé, porque, como ya hemos dicho, está en un lado y en el otro. Es de este mundo y del que todavía no es.
Estamos buscando una revolución, pero esta revolución no es un consenso mundial, y a poco que lo pienses verás que tengo razón. Ni si quiera tú estás dispuesto a acabar completamente con todo lo que nos ofrece el capitalismo. Hay que cambiar el sistema, pero de forma subrepticia, no violenta. Hay que transformarlo, cambiarle la cara a través del discurso y no de pedradas. Yo propongo dejar de jugar exclusivamente al gato y al ratón en las calles y aprovechar todos los medios disponibles para ablandar el ladrillo a base de palabras. Solo así conseguiremos lograr ese consenso que es fundamental para triunfar. Poco a poco, con mucha paciencia y perseverancia. La frustración es uno de los peligros más grandes a los que nos enfrentamos. No hay nada más frustrante que un antidisturbios cerrándote el paso. Disfrázate de capitalista y entra en la plaza. Reparte allí, en secreto, panfletos.

Los encriptados parecen estar escribiendo en sus propias libretas, pero lo que en realidad están haciendo es sobrescribir en el palimpsesto del capitalismo. No es ninguna tontería crear discurso. Es justo lo que estoy intentando con esto. Os invito a todos a integraros en el grupo de encriptados, o a seguir en él con mayor ilusión si es que ya lo estabais, pero todavía no lo sabíais.



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jueves, 17 de octubre de 2013

CRECE UNA NUEVA CLASE SOCIAL EN EUROPA: LA DEL TRABAJADOR POBRE

Según el informe de la Cruz Roja sobre el impacto humanitario de la crisis en Europa, el trabajo ya no es una garantía a la hora de eludir la pobreza y el 8,9% de los europeos con trabajo están bajo el umbral de la pobreza.  Las clases medias están disminuyendo a favor de las bajas e incluso en Alemania 5,5 millones de personas han perdido su condición de clase media, mientras que medio millón se han unido a la de los millonarios.  
Una de las mayores preocupaciones de los resultados del estudio efectuado por Cruz Roja sobre el Impacto humanitario de la crisis en Europa es el surgimiento de una nueva modalidad de pobre: “el trabajador pobre”, que es la persona que trabajando más de la mitad del año, gana menos del 60% de la renta media nacional. Por poner un ejemplo, la cuarta parte de los beneficiarios de asistencia social en Francia son pensionistas o tienen alguna clase de ingreso. Esto quiere decir que el empleo ya no es una garantía para eludir una situación de pobreza y de hecho, en 2011, el 8,9% de las personas con empleo en la UE vivían por debajo del umbral de la pobreza. 
Otros nuevos grupos más o menos vulnerables son los padres solteros o divorciados, los estudiantes, las familias con niños pequeños, las personas que pierden su trabajo o su empresa y las familias donde sólo un miembro trabaja. El informe también advierte sobre el aumento del riesgo de exclusión en casos de baja educación – lo que multiplica por cinco el riesgo de pobreza –, mientras que tener un trabajo de media jornada o llevar en el trabajo menos de un año lo multiplica por dos. Ser joven también aumenta el riesgo, al igual que pertenecer a un hogar monoparental, ser trabajador por cuenta propia o vivir en un entorno rural. 

Pérdida de las clases medias

Este nuevo perfil social se da en los Balcanes, en Francia, Italia, Portugal y España e incluso en Alemania, donde cerca de 600.000 personas con trabajo tuvieron que pedir ayudas para pagar sus facturas y 1,3 millones de personas con trabajo no ganan lo suficiente para vivir por su cuenta. Estas personas se ven perjudicadas por un contexto en el que la inflación sube por encima de los salarios, especialmente en alimentos y energía. El informe menciona el caso de España, donde los precios de la energía aumentaron en un 50% en los últimos años.  
El problema de estas familias es que viven a diario y carecen de ahorros para cualquier clase de contingencia. En España, tres cuartas partes de las familias atendidas por Cruz Roja – 2,4 millones – serían incapaces de hacer frente a un gasto inesperado de 600 euros y en Hungría, el 80% de la clase media carece de ahorros. 
Además, las clases medias están tendiendo a desaparecer y en Rumanía, del 20% de la población han pasado a ser el 10%, lo mismo que en Croacia y Servia. Incluso en Alemania la clase media ha pasado de ser el 65% de la población en 1997 al 58% en 2012, lo cual implica que 5,5 millones de personas dejaron de ser clase media. Durante este mismo tiempo, medio millón de nuevos miembros se unieron a las filas de los millonarios.

Ansiedad y problemas sociales

Esta situación de vulnerabilidad de las nuevas clases sociales europeas, donde varias personas dependen de uno de sus miembros o el trabajo propio resulta insuficiente para subsistir genera multitud de problemas psicosociales. Según explica el estudio muchos de los nuevos pobres se avergüenzan de su nueva situación y tratan de ocultarla, autoimponiéndose una cierta exclusión social. Durante la crisis de Chipre, por ejemplo, la Cruz Roja pudo comprobar cómo muchas personas llegaban a los centros de ayuda conduciendo coches caros. 
En general, la crisis ha generado problemas de salud al conectar la desnutrición con la depresión por situaciones de pobreza y desempleo y la insalubridad cuando se dan situaciones de pobreza real. La tasa de suicidios ha aumentado, al igual que la violencia y la drogadicción y esto ocurre al mismo tiempo en que los estados reducen sus presupuestos de bienestar social y atención sanitaria.
 Reducción de gastos sanitarios
Dentro de la lista de los países que han recortado sus presupuestos sanitarios, España ocupa el puesto catorce en 2010 y el décimo en 2011, tras países como Alemania, Grecia, Irlanda, Holanda, Portugal y Eslovaquia, y por delante del Reino Unido. 
Grecia es un buen ejemplo de los recortes ya que en este país, más de la mitad de los desempleados ya no tienen seguro médico y son atendidos por fundaciones sin ánimo de lucro. La tasa de suicidio ha crecido en un 40% entre enero y mayo de 2011 y la tasa de suicidios en mujeres se ha incrementado al doble. 
El Instituto Nacional para la Salud y el Bienestar de Finlandia ha seguido sistemáticamente a los niños nacidos en 1987, hasta su 21 cumpleaños en 2008. Se les conoce como los ‘hijos de la recesión’ porque han vivido la crisis que Finlandia pasó en la década de los noventa. Según este seguimiento, uno de cada cinco ha recibido tratamiento psiquiátrico o consumido fármacos para distintos trastornos. También han mostrado síntomas tardíos de la angustia de sus padres cuando tenían que luchar contra la crisis hace veinte años. 
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martes, 23 de abril de 2013

¿Dónde está la izquierda?


Por Concha Caballero
No sé cuándo me he mudado, pero últimamente vivo en un país que no conozco. Me levanto con la situación de extrañeza que provoca estar en un lugar desconocido. Enciendo la radio y todos los días me ofrecen nuevos motivos para el desaliento.
No soy de las que encuentran en esta aventura equinoccial, en este lento naufragio de sueños, en esta aventura de desdichas ninguna confirmación a su pensamiento. Para ser de izquierdas no necesito un capitalismo superexplotador y despendolado, me basta con la injusticia, con la apropiación de las ganancias, con el trato desigual al ser humano. No necesito el espectáculo de los desahucios, la odisea desesperanzada de seis millones de personas, ni los jóvenes atrapados entre la tecnología del siglo XXI y un modelo laboral del XIX.
Para ser republicana, no necesito más que una conciencia democrática avanzada, un ideal educativo, y la más elemental simetría de que todos los poderes públicos deben ser elegidos. No necesito para ser republicana, las fotos obscenas del elefante abatido en sus dominios, de una princesa imputada por una causa de corrupción, de una realeza sentada en el banquillo de los acusados.
Para ser ecologista me basta ser consciente de los límites del planeta, de la insostenibilidad de nuestro sistema. No necesito que estallen las centrales nucleares, ni que para la extracción de las riquezas ocultas del planeta se empleen técnicas cada vez más agresivas, nos hagan “fracking” y fracturen nuestros subsuelo, envenenen nuestras aguas o nos regalen terremotos.
Para ser feminista no necesito que ninguna mujer sea asesinada, degollada, apuñalada, tiroteada, me basta con mirar a mi alrededor y ver los techos, algunos de cristal y otros de cemento armado con que taponan los sueños de las mujeres. Nunca pensé que volvería a discutir sobre la violencia de género, ni que los titulares de sus asesinatos se volvieran melifluos, impersonales, desprovistos de sentido, como si la muerte fuese un accidente atmosférico. No es necesario que me indignen bajo el título engañoso de “Muere una mujer en Castellón”, “Encontrada muerta una mujer en Valencia” o que en el caso del asesinato de una niña de 13 años de El Salobral, cierta prensa nos hable del “extraño amor que la condujo a la muerte”. Realmente no lo necesito.
No necesito para estar contra la corrupción que me roben millones. Me basta con que se apropien de un euro, con que enchufen a un familiar, con que no usen con austeridad el dinero público. No me hace falta llenar el vaso de la indignación con esta sinfonía de mangantes, de cavernícolas y de traficantes.
En algunos momentos me parece estar asistiendo a una función teatral antigua, donde los actores son excesivamente histriónicos. Realmente no era necesaria esta sobreactuación para convencerme de su maldad. Frente a esto, no encuentro la izquierda necesaria, la explicación justa, la propuesta adecuada. La izquierda socialdemócrata duerme empozoñada en el sueño de la culpa, como Raskolnikov todavía está dilucidando el origen de su crimen. El resto de la izquierda flota en el océano de la autocomplacencia. “Ya lo dije”, viene a ser su discurso. Creen que cada noticia está hecha a la medida y que el cambio está cantado. Según ellos, del descrédito de la monarquía saldrá una generación de republicanos conscientes; del abuso bancario, una ola de igualitarismo y de justicia; de la corrupción política, el definitivo entierro del bipartidismo. Se miran en el espejo de las redes sociales y estas les devuelven su propia imagen. Creen que un trending topic es una mayoría social garantizada. Pero cuando las crisis son tan profundas como la actual la mayoría social se agarra a sus prejuicios, a sus miedos y a las explicaciones simplistas. De los países descorazonados no surgen cambios alentadores, sino quimeras de consolación, estallidos sin sentido, profetas y visionarios que cabalgan sobre la indignación ciudadana, a no ser que la izquierda sea capaz de levantar un relato creíble y un deseo compartido de cambio social.
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lunes, 22 de abril de 2013

Esto es capitalismo y somos clase trabajadora


Por: Beatriz Gimeno 
Durante años nos hicieron creer que todos eramos clase media. Es cierto que viviamos mucho mejor que nuestros padres y no digamos que nuestros abuelos, es cierto que viviamos instalados en cierta prosperidad (aunque jamas alcanzo a todos), pero el aumento del consumo funciono como un cebo que hizo creer a practicamente todo el mundo que tenian control sobre sus vidas, caracteristica de la clase media. Casi parecia no existir la clase trabajadora. Convencer a la gente que pertenece a la deseada clase media tiene el objetivo de enmascarar sus verdaderos intereses para que asi puedan apoyar politicas que, en realidad, les perjudican; al perder la conciencia del lugar social al que se pertenece se reduce o se hace desaparecer el antagonismo de clase y asi, los trabajadores mas acomodados, en lugar de sentirse explotados por los poderosos se sienten amenazados por los que aun son mas pobres que ellos. Se trata de enmascarar en lo posible las diferencias sociales, la desigualdad, sus causas y consecuencias. Si uno no sabe donde esta mal puede entender nada.
Todo ese espejismo se ha sostenido en las últimas décadas sobre la ficción del precio de la vivienda, que hacía pensar a las familias que tener una casa, aunque fuera hipotecada, era tener un bien que subía de precio al día siguiente de comprarlo y que no dejaría de subir indefinidamente. El estallido de la burbuja estalló también esa ilusión, entre otras cosas porque la inmensa mayoría de las personas no estaban comprando un piso sino adquiriendo una deuda impagable, aunque ellos no lo supieran. La supuesta propiedad de la vivienda y sus precios inflados enmascaraban en todo caso la realidad,  incluso en el momento más alto del boom las estadísticas eran persistentes: además del paro, el 60% de los salarios nunca superaron los mil euros o menos. El alto precio de la vivienda sólo beneficiaba, en realidad, a quienes, por tener otros bienes u otras viviendas, podían utilizar ésta como valor de cambio, para especular, pero no a quienes tenían que utilizarla para vivir y, peor aun, para quienes contraían deudas estratosféricas en relación con su salario real. El fin de la burbuja ha puesto de manifiesto la realidad y todos sabemos lo que ha ocurrido.
Ya sabemos que no somos clase media. Nunca lo fuimos. Pertenecen a la clase media aquellas personas que pueden mantenerse con sus propias rentas, aunque sean pequeñas; aquellas que no dependen absolutamente de un único salario para poder vivir, aquellas que en caso de quedarse sin trabajo pueden razonablemente esperar encontrar otro sin que su nivel de vida se vea alterado. Es decir, sí, pertenecen a la clase medias aquellas personas que tienen control sobre sus vidas. Todas aquellas otras personas, la inmensa mayoría, cuya única fuente de ingresos es el salario, sea este bajo, muy bajo o normal, están vendidas. Esta crisis ha demostrado lo fácil que es que cualquiera que dependa de un salario (y no digamos ya si además tiene una deuda con el banco) se deslicen, por quedarse sin aquel o por ver recortado su sueldo,  no ya hacia la clase trabajadora, de la que nunca han salido, sino directamente a la pobreza. Aunque la familia sigue siendo el gran colchón social, si una persona depende sólo de un salario que da únicamente para vivir, su vida no le pertenece enteramente ya que ésta puede ser convertida  como acabamos de ver, en una condena. Pueden bajar los salarios hasta el límite de la subsistencia o más abajo, pueden acabar con cualquier protección social, pueden despedirnos y dejarnos en la miseria, pueden precarizarnos, pueden convertir la vejez o la enfermedad en un infierno, pueden aterrarnos, someternos, explotarnos, pueden hacer que trabajemos gratis o a cambio de comida… Pueden hacer esto y hacerlo, además, de un día para otro. En eso consiste la lucha de clases, en eso ha consistido siempre y en eso estamos.  En que quienes no tenemos más que nuestro trabajo para vivir podamos tener control sobre nuestras vidas, que no puedan apropiarse otros de ellas, que no seamos cuerpos biológicos cuyo único valor es el productivo. En resumen: esto se llama capitalismo, somos la clase trabajadora convertida en masa laboral y la solución es simple y compleja y se conoce hace mucho: hay que combatir el capitalismo porque es injusto,  es inhumano y porque va a acabar con todo.

Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)


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